Eclipse cósmico planetario

Esta noche se manifiesta cierta añoranza por la magia

Eclipse cósmico planetario
Soy de los que leyeron Un yanqui en la corte del rey Arturo de niño, en aquellas adictivas adaptaciones ilustradas de Bruguera tituladas Joyas Literarias Juveniles. La historia enganchaba. Había viajes en el tiempo. Y el protagonista se salvaba prediciendo un eclipse, esto es, con el ingenio, con el conocimiento, además de, como casi todo en la vida, con un empujón de la suerte –y de su autor, Mark Twain– para caer en el año correcto. La historia podía no estar tan lejos de las aventuras de los Cinco o las de Agatha Christie. Pero el protagonista, un ingeniero decidido a llevar el progreso de finales del XIX al mundo feudal, se salvaba no con la lógica detectivesca, sino con ciencia, aunque para el rey Arturo el ingeniero yanqui fuera un mago, un brujo con poder sobre los elementos. Otro gran escritor, por ahora de ciencia ficción, aunque abierto a acabar en la categoría de novela histórica según vayan las cosas, Arthur C. Clarke, lo sintetizó advirtiendo que “cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.

Seguir leyendo...