Aniversario playero

En los pueblos de mar se bebe más de la cuenta. Quizás es una herencia de los piratas

Aniversario playero
Chanclas, bañadores, arroz y brindis. Un cumpleaños playero. Panzas generosas por falta de esfuerzo o a pesar de él. Calvicies, canas, patas de gallo y otros destrozos atribuibles a la causa más natural de todas: el tiempo. Cerveza y Mediterráneo. Pero al natural y sin la impostada perfección del anuncio más celebrado del verano. Del pañal a la madurez siempre en comandita. La cuadrilla de toda la vida. L’Estany. El mismo mar en el que aprendimos a flotar, algunos incluso a nadar, cuando los socorristas eran sólo personajes televisivos de las series estadounidenses y la bandera roja no prohibía el baño, pues no era más que el trapo de los comunistas. Entonces las playas eran sólo nuestras. Ahora las compartimos con las gentes de Instagram venidas de todas partes. La belleza de un lugar también paga un precio cuando sale del armario: las ganas de manosearla de quien no la entiende ni lo pretende, pues solo aspira a postearla.

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