Green Galerie de Nueva York, 1962, exposición fundacional de algo que empieza a bautizarse como pop art. Allí está un joven Warhol con una serigrafía del billete de dólar, una lona gris minimalista de Richard Morris, y la artista revelación del momento, Yayoi Kusama que ha llenado un sofá de salchichas blancas. La reseña de The New York Times ni tan siquiera mencionaba a Warhol, mientras la provocadora Kusama llenaba de penes de tela los sofás customizados, esculturas en forma de barca, tablas de planchar y zapatos. Kusama no se creó un personaje, era ya un personaje capaz de utilizar su propio cuerpo como campo experimental y surcar un nuevo lenguaje en el expresionismo abstracto. Fue muy famosa en la década de los 60 en EE.UU. donde empezó a explorar de qué forma se podía transmitir la locura desde el arte con sus redes infinitas, esas salas llenas de espejos que creaban una saturación de puntos y líneas. Le apasionaba la moda, y en el 68 creó una marca de moda que vendía en los grandes almacenes Bloomingdale's, era el Kusama corner, con ropa de vanguardia y psicodélica. Hasta que la artista colapsó en su vida americana. Regresó a Japón, se internó voluntariamente en un psiquiátrico –ya no lo abandonó, tampoco el arte- y durante quince años hizo un silencio público: el esoterismo había reemplazado a la fama.Seguir leyendo...
Green Galerie de Nueva York, 1962, exposición fundacional de algo que empieza a bautizarse como pop art. Allí está un joven Warhol con una serigrafía del billete de dólar, una lona gris minimalista de Richard Morris, y la artista revelación del momento, Yayoi Kusama que ha llenado un sofá de salchichas blancas. La reseña de The New York Timesni tan siquiera mencionaba a Warhol, mientras la provocadora Kusama llenaba de penes de tela los sofás customizados, esculturas en forma de barca, tablas de planchar y zapatos. Kusama no se creó un personaje, era ya un personaje capaz de utilizar su propio cuerpo como campo experimental y surcar un nuevo lenguaje en el expresionismo abstracto. Fue muy famosa en la década de los 60 en EE.UU. donde empezó a explorar de qué forma se podía transmitir la locura desde el arte con sus redes infinitas, esas salas llenas de espejos que creaban una saturación de puntos y líneas. Le apasionaba la moda, y en el 68 creó una marca de moda que vendía en los grandes almacenes Bloomingdale's, era el Kusama corner, con ropa de vanguardia y psicodélica. Hasta que la artista colapsó en su vida americana. Regresó a Japón, se internó voluntariamente en un psiquiátrico –ya no lo abandonó, tampoco el arte- y durante quince años hizo un silencio público: el esoterismo había reemplazado a la fama.