“Bueno, pues molt bé, pues adiós”

En abril del 2017, Josep Lluís Trapero tomó posesión como mayor de los Mossos en una ceremonia insólita en el Palau de la Generalitat. Hubo overbooking: el president Carles Puigdemont, la presidenta del Parlament Carme Forcadell, el vicepresidente Oriol Junqueras y siete consellers, mandos de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, del ejército… “¡Faltaba el arzobispo!”, recuerdan los presentes, y no fue porque a alguno no se le ocurriera invitarlo. Trapero nunca ha sido un mosso cualquiera. De uniforme, nunca rehuyó los focos; con traje, se han apagado. Las reacciones a su dimisión como director de los Mossos van del “previsible” de sus defensores al brindis con Corpinat de sus detractores.Seguir leyendo...

“Bueno, pues molt bé, pues adiós”
En abril del 2017, Josep Lluís Trapero tomó posesión como mayor de los Mossos en una ceremonia insólita en el Palau de la Generalitat. Hubo overbooking: el president Carles Puigdemont, la presidenta del Parlament Carme Forcadell, el vicepresidente Oriol Junqueras y siete consellers, mandos de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, del ejército… “¡Faltaba el arzobispo!”, recuerdan los presentes, y no fue porque a alguno no se le ocurriera invitarlo. Trapero nunca ha sido un mosso cualquiera. De uniforme, nunca rehuyó los focos; con traje, se han apagado. Las reacciones a su dimisión como director de los Mossos van del “previsible” de sus defensores al brindis con Corpinat de sus detractores.

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