El algoritmo, mejor dicho, el control del algoritmo, permitió a Donald Trump disponer de un recurso formidable para ganar sus primeras elecciones presidenciales, en noviembre de 2016. El escándalo de Cambridge Analytica sirvió para descubrir hasta qué punto el uso de los datos personales y la segmentación de los mensajes en Facebook podían condicionar la visión que millones de norteamericanos tenían del mundo y orientar sus decisiones políticas. Meses antes, durante la campaña y el posterior referéndum del Brexit, las estrategias de comunicación digital habían desempeñado también un papel determinante en la movilización de los partidarios de abandonar la Unión Europea, con las consecuencias ya conocidas. Los denominados tecno-oligarcas, partidarios de potenciar gobiernos autoritarios y debilitar, cuando no acabar, con las democracias liberales, habían ensayado con éxito las posibilidades de manipular la opinión pública mediante el control de la fórmula matemática que decide qué consume cada usuario de las redes sociales. Es la economía de la atención convertida en instrumento de poder político.Seguir leyendo...
El algoritmo, mejor dicho, el control del algoritmo, permitió a Donald Trump disponer de un recurso formidable para ganar sus primeras elecciones presidenciales, en noviembre de 2016. El escándalo de Cambridge Analytica sirvió para descubrir hasta qué punto el uso de los datos personales y la segmentación de los mensajes en Facebook podían condicionar la visión que millones de norteamericanos tenían del mundo y orientar sus decisiones políticas. Meses antes, durante la campaña y el posterior referéndum del Brexit, las estrategias de comunicación digital habían desempeñado también un papel determinante en la movilización de los partidarios de abandonar la Unión Europea, con las consecuencias ya conocidas. Los denominados tecno-oligarcas, partidarios de potenciar gobiernos autoritarios y debilitar, cuando no acabar, con las democracias liberales, habían ensayado con éxito las posibilidades de manipular la opinión pública mediante el control de la fórmula matemática que decide qué consume cada usuario de las redes sociales. Es la economía de la atención convertida en instrumento de poder político.