Una caída difusa

Tarda días en darse cuenta de que no estaba en su puesto, pero sí trabajando

Una caída difusa
Una mujer sale de su puesto de trabajo pero sigue trabajando por la calle con el móvil, ese instrumento divino. Va a echar un ratito más; está todo tan difuso, los límites andan borrosos y hasta ella misma. Así camina por la acera, sorteando gente, mientras llama a una persona importante para proponerle que participe en un evento de su empresa. Inmersa en la conversación, nota que su cuerpo pasa por delante de una iglesia porque suenan campanas, vaya por Dios, dificultando la llamada. Bromea con su interlocutora (el ángelus quiere detenernos), sube el tono y pone más atención en el mundo laboral virtual que en el verdadero. Y no ve el bordillo. Su pie derecho cae, gira sobre sí mismo, el cuerpo intenta hacer contrapeso y se vuelca hacia la izquier-da –ocurre todo deprisa pero despacio–, el equilibrio está perdido, no encuentra un eje al que agarrarse, bracea, móvil en mano, y acaba tumbada con la mejilla y un pecho en el adoquín marrón. Las piernas ni están. La vocecita de su interlocutora suena en alguna parte, como un maullido extraterrestre.

Seguir leyendo...