‘Vae victis’ (¡Ay de los vencidos!)

¡Extraña manera de suicidarse y de matar las esperanzas de su gente!

‘Vae victis’ (¡Ay de los vencidos!)
Dos veces en mi vida he escuchado en directo a Zapatero. De la primera hace muchos años. Palau Sant Jordi, 13 de noviembre del 2003: “Apoyaré el Estatut”. Allí empezaba una historia que, neblinosa, todavía colea. Un mes después, el 14 de diciembre del 2003, Maragall, Carod y Saura firmaban el pacto del Tinell, que permitió la alternancia al pujolismo, la entrada del independentismo en el Govern y la reforma del Estatut, cuyo fracaso desató el procés. El Tinell introducía una cláusula pérfida: se estigmatizaba cualquier contacto con el PP. Ahora bien, en ese momento, Aznar llevaba ya siete años de gobierno. Un Aznar que lideraba la ola hegemónica del resucitado nacionalismo español (que el terrorismo de ETA vitaminaba con sus matanzas, éticamente repugnantes y políticamente estúpidas). El catalanismo no supo responder a la toxicidad aznariana con inteligencia estratégica, sino con obstinación sentimental.

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